viernes, 22 de octubre de 2010

Veinte otoños bajo un cielo invisible

Las fantasías de un amor inalcanzable se nublaban ante un cielo invisible, que se teñía de gris en cada supuesto atardecer. Sus sueños empalidecían con cada puesta de sol. Ella pasaba su vida soñando que lo volvería a encontrar. Lo imaginaba volviendo desde las sombras del recuerdo, para jugar con su pelo, como lo había soñado en sus locos deseos.

Ella miraba el techo y pintaba su rostro cada noche en su taller, lo creaba con arcilla y lo moldeaba con la pasión de sus dedos, tratando de no llorar, conteniendo las lágrimas con las pocas fuerzas que le quedaban.

Pasaron veinte otoños hasta que las puertas de aquella cárcel se volvieron a abrir. Aunque de alguna manera él siempre estuvo presente, su entrada fue un imán irresistible. En su rostro parecía no haber pasado ni un solo día, aunque sus labios parecían resecos y su piel no lucía igual.

Se arregló su traje y observó que las ventanas seguían tapadas, como las había dejado mucho tiempo atrás. En cada rincón del taller había pinturas y pequeñas esculturas que recreaban su rostro casi a la perfección.

Su cara dibujó una sonrisa y con una mirada imponente y penetrante la hipnotizó una vez más. No fueron necesarias las palabras, ella se arrojó a sus brazos, acarició su piel de marfil y le ofreció su cuello desnudo. Fueron sólo unos segundos de amor, para luego pasar al más cruel y sádico banquete, en el que ella fue el plato principal.

Luego de saciar su sed, la arrojó indolente junto a un rincón. No había culpa ni pena en su ser. No le importaba vaciar un cuerpo de vida, ni dejar un alma sin amor, sólo le importaba su sed.

La fotografía que se incluye junto al texto de mi cuento pertenece a la galería de imágenes de mhiguera y es compartida bajo licencia Creative Commons.

sábado, 9 de octubre de 2010

John Lennon, el hombre que sólo necesitaba amor

Si antes del 9 de Octubre de 1940 alguien hubiera fantaseado con la película de una estrella de la música, seguramente nadie habría podido imaginar en un solo guión la vida que tendría John Lennon.

A partir de ese día, se comenzó a escribir la increíble historia de un hombre que sería más que su propia historia, que transcendería a su leyenda para transformarse en el símbolo más importante de la música del siglo XX, junto a sus compañeros de ruta, conocidos como The Beatles.

El resto de la trama de este guión casi cinematográfico es muy conocida, aunque no deja de ser sorprendente y apasionante sumergirse en cada uno de sus detalles. The Beatles fue el grupo que cambió de manera trascendental la historia de la música y también, fue el que marcó el pulso de un cambio cultural que determinó un quiebre generacional. Mucho de esto se le debe a la dupla creativa Lennon-McCartney, que juntos (y separados) escribieron varias canciones que seguirán escuchándose por siglos y que nunca perderán su brillo.

Pero Lennon fue un artista que transcendió a los Beatles y hasta a la propia música, fue una figura que defendió activamente la paz y se mostró siempre en contra a la violencia, siempre a favor del amor. Esta lucha fervorosa e incansable fue otra de las claves de su vida y está presente en la mayoría de sus letras. Porque la poesía de Lennon es amor en estado puro, es amor verdadero.

Una trágica jugada del destino quiso que el hombre que defendió la paz y el amor con cada fibra de su corazón fuera víctima fatal de la violencia, al morir asesinado el 8 de Diciembre de 1980. Pocos días antes, Lennon había lanzado uno de los mejores álbumes de su carrera, llamado Double Fantasy. Pero ese triste día de Diciembre no calló ni su música ni su legado, por el contrario, se multiplicó y se hizo más fuerte para las nuevas generaciones que decidieron darle otra chance al amor. Como el propio Lennon nos dijo con una de sus mejores composiciones: "All you need is love, love, love is all you need".

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